Hace cien años, la llegada del primer teléfono a nuestro pueblo marcó un antes y un después en la forma de comunicarnos.

Aquel avance supuso una conexión directa con el resto del país y del mundo, y se convirtió rápidamente en un servicio esencial para la vida cotidiana de nuestros vecinos y vecinas.

A lo largo de este siglo, el teléfono ha sido una herramienta fundamental en la vida cotidiana, facilitando la comunicación diaria, el acceso a servicios esenciales, la atención a emergencias y el mantenimiento de las relaciones sociales y familiares. Además, ha permitido transmitir noticias importantes, mantener el contacto con quienes emigraron y contribuir a la preservación de la memoria colectiva de nuestro pueblo. Pero, sobre todo, el teléfono ha desempeñado un papel esencial en los momentos de mayor dificultad, facilitando la comunicación entre los vecinos y contribuyendo al fortalecimiento de los vínculos sociales y personales.

En este año conmemorativo, queremos rendir homenaje a este medio de comunicación que ha sido testigo de nuestra vida y de la historia de nuestro pueblo.

Es también un homenaje a quienes hicieron posible su instalación y a las personas que, durante tantos años, cuidaron y mantuvieron la antigua centralita.